El arte imita a la vida y los escritores se limitan a vivirla. A veces, incluso sirven cafés para pagar sus facturas. Esto es lo que he hecho, básicamente, estas Navidades. Promocionar una cafetera automática -robusta y alemana- en medio de la competencia más atroz. Sólo tenéis que visualizar el cuadrilátero... Estratégicamente situadas en el lineal, las chicas de Nespresso son el "grand cru" de las promotoras. No tienen que esforzarse demasiado. A pesar de su etiqueta de "inasequibles" -están a la venta exclusivamente en boutiques autorizadas- los clientes interpretan esta dificultad como una muestra más de su indiscutible calidad.
Luego están las marcas de café soluble de toda la vida, imbatibles en nuestra memoria gustativa. ¿Quién no ha sumergido un par de galletas María en el café de sus padres? Y, para finalizar, una servidora. Toda una experta a la hora de convertir un trabajo de temporada en la más importante misión de documentación periodística.
En sólo unos días, desfilaron por mi stand todas las tipologías imaginables. Los puristas del café expresso, en su mayoría hombres de pocas palabras, capaces de apurar una taza temerariamente caliente en dos segundos. Los fanáticos del capuccino, empeñados en encontrar la fórmula de la crema de leche: un fenómeno físico que se produce a 65 grados centígrados, cuando las proteínas y las grasas dejan de ser líquidas para transformarse en deliciosa espuma. Y, por último, los amantes del café latte. Más interesados en el resultado visual -un café de tres capas- que en el discutible sabor final.
George Clooney y Starbucks han hecho que ya no queden clientes de "café con leche", capaces de sumergirse durante horas en la lectura del periódico, mientras el camarero se ve obligado a rellenar el vaso con agua del grifo. Eso sí, hay algo que no ha cambiado: la necesidad de doparnos con un buen chute de estimulante vegetal -da igual si se trata de café, té o cola- para sentirnos un poco más despiertos. Lo que sea con tal de transformar la pantalla en blanco, o un trabajo puramente alimenticio de cinco euros por hora, en cafeína pura para mi ya de por sí impresionable imaginación.


7 comentarios:
Hay que ver todo lo que puede dar de sí un café, muy bueno.
Ni te lo imaginas...
insuperable! Para cuando el próximo capítulo?
Buena semana y 2012!!
Sonia
Anónimo: No es un libro por entregas, pero podría ser el gérmen de una futura novela. Algún día contaré cómo explotaban las cápsulas de café en las narices de los clientes ;) ;)
p.d. ¿Algún editor entre el público?
Acabo de descubrir tu blog y me encanta, así que ya está entre mis favoritos.
Besos.
A mi encanta el café con leche, pero paso de las Nespressos y sus hermanas, lo veo carísimo. Una buena cafetera, un buen café (illy o lavazza), una taza muy grande y a disfrutar de este momento!! bss
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